Imágenes manipuladas, textos clonados y diseños repetitivos. Hace unos años, ver un video era suficiente para creerlo. Hoy ya no tanto. Un cantante diciendo algo que nunca dijo, un político en un discurso falso o influencers protagonizando escenas inexistentes: los deepfakes (videos, audios o imágenes generadas con inteligencia artificial) son solo la punta del iceberg de una transformación más grande.

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